Comprar un vehículo por redes sociales: una oportunidad que también puede esconder un riesgo

Alejandro Ochoa / Investigador

9/30/20265 min read

a hand holding a key
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Por: Alejandro Ochoa
Investigador

Comprar un vehículo por Facebook Marketplace, Mercado Libre o incluso a través de WhatsApp se ha convertido en algo cotidiano. Basta con encontrar una publicación atractiva, contactar al vendedor y acordar un precio para que, en cuestión de horas, una persona pueda estar negociando un vehículo que nunca había visto. Es precisamente allí donde puede aparecer el primer riesgo, especialmente cuando el precio parece demasiado bueno para dejarlo pasar.

Una de las ofertas más frecuentes en estas plataformas es la de vehículos sin traspaso, en ocasiones por valores inferiores a los que normalmente se encuentran en el mercado. Para el comprador puede parecer una oportunidad: adquirir un vehículo económico y solucionar posteriormente el trámite de traspaso; sin embargo, antes de entregar el dinero hay una pregunta que debería hacerse: ¿por qué el vehículo no está siendo vendido con el traspaso?

En Colombia, la adquisición de un vehículo no se agota simplemente con firmar una compraventa y entregar el automotor, pues la transferencia de la propiedad requiere, además de la entrega material, su inscripción ante el organismo de tránsito correspondiente (artículo 47 de la Ley 769 de 2002). Por eso, comprar un vehículo sin verificar previamente quién figura como propietario y qué situación jurídica registra puede terminar convirtiéndose en un problema para quien creyó estar haciendo un buen negocio.

El riesgo aumenta cuando, después de la compra, el vehículo aparece relacionado con una medida, una investigación, una limitación a la propiedad o una situación que el comprador desconocía; en ese momento, lo que inicialmente parecía una forma de ahorrar dinero puede convertirse en una dificultad para acreditar la adquisición y, en determinados casos, incluso en la incautación del automotor.

Pero existe una situación que puede resultar todavía más difícil de detectar: cuando todo parece estar en regla. En algunas negociaciones fraudulentas, el vendedor no ofrece simplemente un vehículo barato, sino que construye alrededor del negocio una apariencia de legalidad. Puede explicar que el vehículo proviene de un supuesto remate o proceso de venta de una entidad financiera y entregar al comprador una carpeta con contrato de compraventa, documentos aparentemente autenticados, cartas de paz y salvo, improntas y otros soportes; incluso puede entregar físicamente el vehículo y solicitar inicialmente una parte del dinero, dejando el saldo pendiente para el momento en que se realice el traspaso.

Para quien está comprando, todos esos elementos pueden generar tranquilidad: el vehículo existe, está en sus manos, hay documentos y aparentemente solo falta acudir a la Secretaría de Movilidad para terminar el trámite. El problema puede aparecer justamente en ese momento, cuando el comprador intenta formalizar el traspaso y descubre que alguno de los documentos no corresponde a la realidad, que la entidad que supuestamente los expidió no reconoce el negocio o que existen inconsistencias que impiden realizar la transferencia. Entonces surge la pregunta que probablemente debió hacerse antes de entregar el dinero: ¿quién estaba realmente autorizado para vender ese vehículo?

Detrás de estas negociaciones pueden existir conductas con relevancia penal, como la estafa (artículo 246 del Código Penal) o la falsedad en documentos y el uso de documentos falsos (artículos 287 y siguientes). Pero el riesgo no recae solo sobre quien vende. Si se establece que el vehículo fue hurtado o está vinculado a un proceso, la autoridad puede ordenar su entrega a su verdadero propietario como medida de restablecimiento del derecho, y el comprador puede terminar perdiéndolo aunque haya pagado por él. En esos escenarios, la diligencia con la que se actuó antes de comprar cobra especial importancia: haber verificado la información del vehículo y del vendedor es lo que puede ayudar a demostrar que se obró de buena fe exenta de culpa.

Este tipo de situaciones demuestra por qué revisar únicamente el automóvil no siempre es suficiente. Un vehículo puede encontrarse físicamente en perfecto estado y no registrar, en ese momento, un requerimiento que impida su circulación; sin embargo, eso no necesariamente significa que la persona que lo está ofreciendo sea su propietario o que tenga autorización para venderlo. Por eso, antes de comprar, la revisión debería comenzar por algo tan sencillo como comparar al vendedor con el propietario que aparece registrado.

Si no son la misma persona, es necesario establecer cuál es la relación entre ambos y por qué está realizando la negociación. También es importante consultar la información oficial disponible sobre el vehículo, como la que ofrecen el RUNT y el SIMIT, y verificar si existen limitaciones a la propiedad que puedan afectar el traspaso. Los documentos que entregue el vendedor tampoco deberían aceptarse únicamente porque tengan sellos, firmas o aparenten haber sido autenticados; si un documento supuestamente proviene de una entidad bancaria, una empresa o una persona natural, su autenticidad debe verificarse directamente con esa persona o entidad y utilizando canales independientes de los suministrados por quien está vendiendo. También resulta conveniente solicitar ante la Policía Nacional la revisión técnica de identificación del vehículo, especialmente para verificar sus sistemas de identificación, como chasis y motor.

En otras palabras, no se trata solamente de revisar el vehículo; también hay que revisar la historia que existe detrás de él. Y si la compra ya se realizó y posteriormente se descubre una posible irregularidad, lo primero no debería ser borrar conversaciones o intentar reconstruir los hechos únicamente de memoria. Hay que conservarlo todo: conversaciones, audios, fotografías, publicaciones, perfiles, números telefónicos, documentos entregados y comprobantes de los pagos realizados, además de organizar la información cronológicamente, indicando qué ofreció el vendedor, qué se acordó, cuánto dinero se entregó, a quién se transfirió y qué ocurrió después.

La denuncia es importante, pero el seguimiento también puede serlo. Cuando existen varias víctimas relacionadas con una misma modalidad, pueden aparecer coincidencias en números telefónicos, cuentas bancarias, perfiles, documentos, vehículos o personas involucradas que ayuden a comprender que no se trata necesariamente de un hecho aislado. Identificar esas conexiones puede fortalecer la investigación y facilitar que se establezca quiénes están detrás de la modalidad.

Comprar un vehículo por internet no significa que el negocio sea inseguro. Significa que, antes de entregar el dinero, el comprador debe hacer algo que muchas veces se omite por la emoción de encontrar una buena oferta: investigar. Porque en una compraventa de vehículos, el precio puede ser atractivo, el automóvil puede existir y los documentos pueden parecer legítimos, pero ninguna de esas circunstancias, por sí sola, garantiza que quien está vendiendo tenga realmente el derecho de hacerlo.

A veces, la mejor oportunidad no es encontrar el vehículo más barato, sino descubrir a tiempo por qué alguien está dispuesto a venderlo tan barato.

Este contenido tiene fines informativos y no constituye asesoría jurídica. Cada situación requiere un análisis particular de sus circunstancias.

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